Cultivo hidropónico de tomate

La hidroponía es un sistema de cultivo en el cual las plantas se desarrollan en un sustrato inerte o directamente, en una disolución mineral acuosa. Generalmente, dependiendo del porte de la planta, se necesitan estructuras para la sujeción aérea de las mismas. Los primeros cultivos hidropónicos se cree que fueron creados en la antigua Babilonia. Eran sus famosos jardines colgantes, considerados como una de las 7 maravillas del mundo antiguo.

Hoy en día, para obtener producciones de tomate fuera de temporada, lo más habitual es el cultivo en hidropónico bajo plástico, ya que se puede ejercer un mayor control sobre los factores abióticos que afectan al rendimiento de la plantación. No obstante, también existen cultivos hidropónicos al aire libre pero no es tan frecuente. El tomate es un cultivo ampliamente extendido. En los cultivares destinados a consumo en fresco se ha generado un aumento en la tecnificación. Algunos de estos inputs aplicados son la producción bajo malla o invernadero y el cultivo sin suelo. Es decir: el cultivo hidropónico.

El cultivo hidropónico del tomate se puede

llevar a cabo según distintas técnicas de las cuales las principales son:

-Técnicas recirculantes, en las cuales se realiza un bombeo continuo o intermitente de agua sobre la masa radicular.

-Técnicas estacionarias, las raíces se desarrollan directamente sobre un lecho acuoso, coloquialmente se le llama cultivo hidropónico de raíz flotante.

-Técnicas aéreas, se produce una nebulización casi constante sobre la superficie radicular, también se llama aeropónico.

-Técnicas con sustratos, en este caso, se produce una frecuente fertirrigación sobre el sustrato, éste puede ser orgánico o inorgánico.

En el cultivo hidropónico del tomate principalmente se emplean dos técnicas de las nombradas anteriormente: de flujo recirculante y sobre sustrato, generalmente inerte. No obstante, la técnica más extendida es el cultivo sobre sustratos inertes por su capacidad de reutilización para varios ciclos, su menor coste de implantación respecto a otros sistemas y por la practicidad y comodidad que ofrecen.

El sustrato más extendido en el cultivo del tomate en áreas mediterráneas es la fibra de coco en mangas, ya que es el que mayores ventajas y facilidades ofrece. También hay productores que realizan sus propias mezclas de sustratos, obteniendo así sustratos más económicos y con distintas propiedades, como mayor retención de agua, mayor porosidad, etc.

Los suelos de la provincia de Almería tradicionalmente han tenido una peculiaridad, eran conformados por los agricultores añadiendo capas de arena y grava junto con estiércol para conformar el suelo de cultivo. A este tipo de suelo se le llama enarenado, es un suelo poco fértil y con poca capacidad de retención de agua, muy similar al cultivo en hidropónico.

Los enarenados y el gran auge de los invernaderos en países nórdicos, permitieron un rápido desarrollo e implantación de cubiertas plásticas en Almería, pasando de 250 Ha en 1965 a 30.007 Ha en la actualidad.

La evolución e implantación de la hidroponía en Almería se produjo exponencialmente entre los años 1985 y 1995, con una tasa de crecimiento del 25 % anual, imitándose los modelos empleados en Holanda y países del norte. Esta implantación exponencial fue posible debido al aumento de superficies cultivadas bajo plástico que se dio, así como una mayor utilización de inputs en la zona.

Actualmente el 20% de la superficie agraria útil (SAU) de Almería está ocupada por invernaderos, y supone el 93% de la producción final agraria de la provincia, este dato nos da una idea de los altos rendimientos que se pueden llegar a obtener bajo cubiertas plásticas y empleando muchos inputs. Análogamente el 20 % de los invernaderos de la provincia se encuentran en hidropónico, pudiendo afirmar que aproximadamente el 19 % de la producción final agraria de Almería está producida en hidropónico.

La principal ventaja que ofrece este tipo de técnica de cultivo es un mayor rendimiento por superficie, ya que se ejerce un mayor control de las necesidades nutricionales e hídricas de la planta. En un cultivo sin suelo se puede asegurar una nutrición adecuada en cada estadío del cultivo, así como una total disponibilidad de los nutrientes para el cultivo.

Algunos de los inconvenientes que conlleva el cultivo en hidropónico son, un mayor gasto en la instalación, se debe realizar un diseño adecuado de la instalación hidropónica para asegurar un correcto funcionamiento, la necesidad de llevar a cabo el manejo del cultivo de forma técnica y profesional y una mayor supervisión en parcela.

Como conclusión, cabe destacar las siguientes ventajas que ofrece este tipo de cultivo frente a un sistema tradicional de cultivo de tomate; el aumento de rendimiento por superficie, se cifran en aumentos del 220 %, la posibilidad de regar con aguas de peor calidad ya que, se elimina el potencial de adsorción matricial, permitiendo realizar riegos con mayores concentraciones salinas, la obtención de alimentos de mayor calidad y mayor vida postcosecha, y el ahorro del agua y nutrientes debido a que no existe lixiviación ni  minerales que no se encuentren disponibles para a planta.

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